En mi entrada anterior describí a grandes rasgos  la aversión al riesgo de los inversionistas y de cómo estos son afectados por esta aversión o miedo al riesgo. Este miedo también está presente en los emprendedores y es que, aunque muchas veces los emprendedores no son quienes financian sus proyectos de startups, son quienes deben correr todos los riesgos por la incertidumbre de si su proyecto funcionará o no y además porque son quienes deben responder directamente por las obligaciones adquiridas con los financistas o bancos del sistema.

Si analizamos detenidamente podemos encontrar diferencias bien marcadas en estos dos tipos de personas: emprendedores e inversionistas. Mientras los emprendedores son personas de mente abierta y quizás muy optimistas los inversionistas tienen a ser más recatados en sus decisiones y necesitan tener cierto grado de certeza sobre lo que sucederá con sus inversiones. Sin embargo, a pesar de esta diferencia es notorio que estos dos tipos de personas se necesitan entre sí, porque los emprendedores necesitan dinero para financiar sus operaciones y porque estas operaciones pueden dar utilidades a los inversionistas, es decir, existe una simbiosis económica, comercial y financiera entre ambos.

Es por esta simbiosis que estos dos tipos de personas deben saber comunicarse y deben saber transmitir al otro lo que esperan y lo que ofrecen de forma tal que el otro entienda. Es decir, el emprendedor debe aprender a expresarse en términos de rentabilidad y más aún, ofrecer una rentabilidad aceptable y el inversionista debe expresarse en términos de financiamiento con un costo de capital adecuado para el emprendedor.

¿Cómo se logra esta comunicación? esta comunicación se logra al utilizar herramientas financieras como el costo de capital, tasas de interés, tasas de rendimiento y los elementos que las componen. Es decir, no es suficiente que el emprendedor tenga una excelente idea si no es capaz de traducir esta idea en rendimiento para el inversionista y no es suficiente que el inversionista tenga fondos si no es capaz de traducirlo en un costo de capital aceptable para el inversionista.

En resumen, el uso de las herramientas financieras ayudan a la actividad económica y a la relación Inversionista-Emprendedor, por lo cual es necesario que ambos transmitan un mensaje entendible y adecuado para esta relación.

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